América Latina sigue siendo la región más peligrosa para quienes defienden la tierra y el medio ambiente. En 2017, México ocupó el cuarto lugar mundial en asesinatos de personas defensoras, registrando 15 casos. Además del riesgo mortal, estas personas enfrentan amenazas, hostigamiento, criminalización y agresiones vinculadas a megaproyectos que afectan territorios indígenas y campesinos.