Los pueblos indígenas que habitan la
frontera sur chiapaneca se han caracterizado en las últimas décadas por
procesos de cambio cultural acelerados, que han tenido como consecuencia el desplazamiento lingüístico y la sustitución de lenguas mayas como
el jakalteko, kaqchikel, mam, mochó, q’anjoba’l y chuj, por el castellano. Se
trata de una zona cultural que fue dividida en dos durante el siglo xix, con
el establecimiento de los límites fronterizos entre México y Guatemala, y
cuyos habitantes han sido objeto, durante distintos periodos históricos, de
violentas campañas de aculturación. Las políticas de castellanización y de
integración forzada a la nación, impulsadas por los gobiernos posrevolucionarios, influyeron para que un importante sector de la población fronteriza chiapaneca negara durante varias décadas sus identidades indígenas y reivindicara exclusivamente sus identidades campesinas.