A principios del 2013, las concentraciones atmosféricas globales de CO2 superaron
el umbral de las 400 partes por millón. 1 y 2 Lo anterior tiene como consecuencia
el incremento de la temperatura promedio del planeta y, por ende, graves
consecuencias ambientales, económicas y sociales. En este contexto, México se
ha posicionado como el 12° mayor emisor de gases de efecto invernadero (GEI) a
nivel mundial 3
, por lo que ha asumido el compromiso nacional e internacional de
reducir sus emisiones en un 30% para 2020 y 50% para el 2050 4. La situación actual
demanda la atención urgente de tomadores de decisión con el objetivo de sumar
esfuerzos para revertir estas tendencias insostenibles. Para lograrlo, es necesario
aplicar una política climática transversal y coherente que mitigue los GEI y nos permita
adaptarnos a los efectos y consecuencias del cambio climático. Estas necesidades
y compromisos pueden -y deben- cumplirse a través de metas concretas de transición
energética, invirtiendo en la generación de energía a través de fuentes renovables
para transitar hacia un desarrollo bajo en carbono. Asimismo, los retos energéticos
que enfrentan nuestras ciudades en la actualidad no sólo se limitan a la generación
de energía limpia, la movilidad de personas, bienes y servicios, se ha convertido en
uno de las principales prioridades en la agenda nacional e internacional.