Este libro busca resolver la pregunta de por qué la abundancia de recursos
extractivos suele tener consecuencias negativas y conflictivas en el desarrollo
de un país. Si bien no tiene que ser necesariamente de esta manera —ya
que no existe ninguna «maldición»—, la riqueza mineral de los países
suele generar un crecimiento con defectos, desigualdad y conflictos,
así como el despilfarro de recursos públicos, tanto a nivel macro como
microeconómico. Como resultado, los campesinos, las minorías étnicas
y los grupos indígenas terminan sumidos en un estado de pobreza y
frustración; aparecen nuevos grupos insurgentes o se reconfiguran los
existentes; y los gobiernos recurren a políticas cada vez más autoritarias en
un esfuerzo por mantener el ambiente propicio para la inversión extranjera.