La Filosofía de vida que prioriza vivir con alegría

Yadira Ocoguaje-Pablo Yépez-Emilio
Pallares


Diálogo
entre Yadira Ocoguaje- (joven mujer líder de la comuna Siekopaai Siekoya
Remolino, Amazonía ecuatoriana) y Luisa Elvira Belaunde- profesora de
Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en Lima-Perú.

Este
diálogo se llevó a cabo el 29 de julio de 2023, en la ciudad de Leticia
Amazonía colombiana, durante el XIV Conferencia Bienal SALSA 2023. Sociedad
para la Antropología de las Tierras Bajas de Sudamérica.



Nos
encontramos en el campus de la Universidad Nacional de Colombia, sede de
Leticia, en un espacio natural rodeados de algunos árboles y arbusto típicos de
la selva amazónica, aprovechamos la sombra de un árbol para sentarnos y
comenzar esta charla. Empiezo preguntando a Luisa, ¿quién eres, a qué te
dedicas? Luisa me responde: Me llamo Luisa Elvira Belaunde soy Antropóloga,
desde hace 30 años empecé una investigación para mi doctorado con el Pueblo
Siekopaai del Perú. Desde hace 30 años también soy profesora de Antropología en
algunas universidades, en la actualidad estoy dando catedra en la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos en Lima Perú.



YO:
¿Qué proyectos tienes ahora?


LEB:
proyectos personales muchos, regresé a trabajar en Perú, nunca lo había hecho
antes, enseñé en una universidad en Inglaterra, enseñé en Brasil/país al que yo
amo mucho y en donde he aprendido bastante. Quiero ahora enseñar antropología
en Perú dirigida a los jóvenes, quiero formar una escuela de Antropología que
sea surgida en esta tierra, que sea surgida de las personas y que esté en
contacto con el mundo amazónico peruano y de los demás países vecinos, entre
ellos: Ecuador, Colombia, Bolivia, Brasil.

YO:
¿Cómo llegaste a trabajar con mi pueblo-Siekopaai?


LEB:
Te voy a decir que fue por chance (casualidad), por suerte. Estuve viviendo en
Inglaterra, por estudios y también porque mi mamá es de Europa, pero quería
venir a Perú, en primera instancia por los años 80 quería trabajar en la
Amazonía con el pueblo Matsiguenga ya que había leído sobre ellos,  pero llegué al Perú y éste atravesaba por una
guerra interna, había situaciones de violencia en muchos lugares, me dirigí a
Loreto a la frontera con Ecuador, ya que me dijeron que felizmente la guerra
interna a esos lugares no había llegado, unos chicos italianos que trabajan en
las comunidades Kichwas del Napo me dijeron “mire Luisa (Luisa Elvira se
emociona al contar esto) la comunidad más linda, la más bonita es la comunidad
de Wajoya” Me dije voy a intentar llegar a Wajoya, era difícil el transporte
por el río en esos tiempos, había una sola canoa que salía de Iquitos y se demoraba
9 días en llegar hasta la desembocadura del río Santa María, irónicamente esa
canoa se llamaba
“La Veloz”


YO:
Ya en Wajoya, ¿qué es lo que más te gustó de la comunidad y de nuestros
ancestros?


LEB:
Lo que más me gustó es la
filosofía de vida, yo diría que
llegué en un momento único, en ese tiempo no había enfermedades en esa
comunidad, y no sé si puedo decir que había un ambiente armónico, pues siempre
había ciertas disputas y peleas, pero se priorizaba vivir de manera
ALEGRE, la gente de Wajoya decía “hay
que alegrarse Ai siwayë, hay que vivir bien, hay que pensar bien” había
momentos lindos, el apu de la comunidad -en ese tiempo Oscar-, apenas salía el
sol gritaba: “a bañarse hay que bañarse, no sean perezosos” y toda la comunidad
se metía al río Santa María, los hombres se metían al río haciendo ruido en el
agua con sus manos, las mujeres cargadas a sus hijos chiquitos también se
metían al río, luego todos se arreglaban, 
se peinaban…después la gente se visitaban de casa en casa y se contaban
sus sueños. ¡Esta manera de vivir bien en comunidad me impactó, nunca antes
había estado -viviendo con personas tan inteligentes-!

YO:
¿Cómo era el rol de la mujer en ese tiempo?


LEB:
El rol de las mujeres era muy complejo, las mujeres estaban presentes en todo,
yo te voy a decir muy sinceramente a mí me impactó la presencia de las mujeres,
porque los hombres en ese tiempo -muchos habían crecido con la práctica y
sabiduría del yajé-; ellos ayunaban mucho sus cuerpos eran delgados, esculpidos
en pura fibra no había hombres gordos, eran suaves,  muchos de ellos tenían el pelo un poco largo,
parece que el entrenamiento shamánico les hacían perceptivos del ambiente,
tenían un mirada profunda, una amiga mía me dijo que los hombres Siekopaai eran
muy femeninos, además se vestían con cushmas, se sentaban derechos, calmados,
pero eran precisos, si veían una mosca volando, con mucha rapidez le aplastaban
con su manos, no fallaban. En ese tiempo las mujeres eran fuertes, y como se
depilaban las cejas tenían la cara redonda como Ñañe decían, ellas siempre
estaban con los ojos muy abiertos y cuando hablaban lo hacían fuertemente,
contrastaban con los hombres que hablan suavemente y siempre esteban pensativos.
Este comportamiento sabio y calmo, la manera de ser de su cuerpo, seguramente
venía del conocimiento profundo del yajé.

YO:
¿Crees que el rol de la mujer Siekopaai ha cambiado?

LEB:
Los roles de la mujer anteriormente eran muchos, iban a las chacras, pescaban,
pero yo veo que el rol de la mujer era como el de la
organizadora de la vida,
por ejemplo, en las madrugadas el hombre se despertaba primero solito e iba a
un rincón de la casa, se sentaba despacito, prendía su mechero de kerosene,
raspaba su yoko, y comenzaba a torcer chambira, después venía la mujer y los
hijos y le acompañaban y conversaban, así comenzaba el día. Después de bañarse,
de arreglarse, de contarse sus sueños, la mujer se iba a la chacra y organizaba
la vida: traía los productos de la chacra, cocinaba, y repartía los alimentos.
A través de estas prácticas la mujer organizaba la comunidad, cada mujer
cocinaba en sus propias casas, pero cada mujer mandaba con los niños comida al
resto de las familias, había una organización a través de la
distribución
de los alimentos
que habían sido producidas en cada una de las casas,
igual pasaba cuando el hombre traía cacería, las mujeres limpiaban al animal,
le partían y luego repartían pedazos de carne cruda entre las familias.
Entonces mediante estas prácticas, veía que las mujeres eran las encargadas de
organizar el buen vivir, la búsqueda de la alegría en la comunidad estaba en
las manos de las mujeres…

YO:
¿Qué consejos nos darías a nosotras las mujeres jóvenes Siekopaai para volver
ser las protagonistas de la búsqueda de alegría en nuestras comunidades?

LEB:
Yo creo que una de las cosas más importantes es hacer dietas y aislarse para
pensar, los hombres antes de tomar yaje hacían eso, las mujeres antes cuando
menstruaban ayunaban y se asilaban, no era cuestión de quedarse solitas, se
quedaban en un rincón de la casa en un hamaca vieja,  el suelo estaba forrado con hojas de plátano
ahí torcían chambira, ayunaban, ese espacio le permitía a las mujeres,
descansar de sus labores de organización de la casa y de la comunidad, los
hombres eran quienes cocinaban y enviaban la comida envuelta en una hoja de
plátano con sus hijos chiquitos, era todo un ritual, ya que la sangre de la
menstruación a los hombres que tomaban yaje les perturbaba. Yo veo que esas
dietas y ese descanso
fomentaban el respeto y el amor de la pareja
y de la familia
, las mujeres me decían que cuando ellas parían a sus
bebes en la chacra, estaban solas hasta que pase el sangrado, los hombres las
cuidaban de lejos, “estaban pensando en mí” decían, él me protegía con sus
cantos, con su tabaco, él preparaba la comida y mandaba con los hijos chiquitos
ese
ere un acto de amor
, cuando la mujer regresaba a la casa con el bebé todos
vomitaban, usan el maña pë, para purificarse, ese ritual para las mujeres era
un acto puro de amor. Me pregunto ¿qué ha pasado con esos rituales hoy en día
en Wajoya? me parece que la influencia de la escuela, de las iglesias, les dice
que no es necesario hacer estas rituales que fomentaban el respeto en las
comunidades.

YO:
Que lindo lo que me cuentas, yo vengo de Siekoya Remolino, y estos rituales se
han perdido, y peor aún nuestro territorio corre el riesgo de desaparecer
frente a la acción de industrias extractivas y de la palma africana, ¿qué
puedes decirme al respecto?

LEB:
Conozco poco de lo que existe en tu territorio, lo he visto, eso sucede con
muchas comunidades, lo triste es que las compañías de palma africana coartan a
las comunidades, logran que algunas personas de la comunidad trabajen para
ellos y que piensen en el beneficio personal e individual, por encima de toda
la agresión que provocan dentro de las comunidades y el efecto negativo para el
cosmos. Estas empresas dividen a las comunidades, logran desarrollar un
pensamiento individual que fractura a las comunidades. Frente a eso el desafío
es mantener la colectividad y unión de las comunidades, las mujeres y lo que
ustedes están haciendo, (existen mujeres que pueden caer en el individualismo),
pero parece que las mujeres ahora piensan en la colectividad frente al bicho
del individualismo que las empresas están empeñadas en sembrar en las
comunidades indígenas. Por eso admiro mucho lo que tú haces Yadira y lo que hacen
las mujeres para fomentar la colectividad frente a tantas dificultades.


YO:
Gracias Luisa pro compartir este mensaje, para que nosotras las jóvenes nos motivemos
y escuchar las palabras de las abuelas


LEB:
El aconsejar que yo daría es tomar yoko, esa la planta es una guía, bota la
pereza esa sabiduría es lo que debemos llevar a la escuela, hay que preparar el
cuerpo, ese es el consejo de los abuelos antes, tomando yoko se está fuerte, espero
que estos consejos hagan rebrotar la alegría, como las plantitas de yoko que
rebrotan después del fuego.

   


Durante
un abrazo sincero y profundo le digo a Luisa que fueron muy lindas sus
palabras, que me conmovieron, que sus consejos fueron muy profundos. Luisa me
dice, “todo viene de su conocimiento, yo aprendí de ustedes”