
Años atrás el Ecuador comunicó al mundo que elaboró una Constitución sumamente avanzada en la que incluía y declaraba a la Madre Naturaleza como sujeto de derecho, acontecimiento inédito que serviría para cuidar el medio ambiente. En la práctica esto quedó como un enunciado, y desde sus inicios la aplicación efectiva de este derecho fue un reto muy grande. De igual manera la aplicación efectiva de los Derechos de los Pueblos Indígenas y el derecho a la salud, han sido dificil de aplicar y algo que se evidencia en la actual emergencia sanitaria mundial.
El bienestar humano – en especial de los grupos vulnerables: como son los Pueblos Indígenas-, y el bienestar de la naturaleza, son sinónimos de Salud. La salud integral de los grupos indígenas entendida como un estado completo de bienestar físico, mental y social, es el pilar fundamental para que los grupos originarios lleguen a estar en igualdad de condiciones con otras sociedades humanas.
En el mismo contexto, para que el ambiente esté en buen estado de salud, se requerirá de protocolos de conservación, del manejo adecuado, y racional para la obtención de recursos naturales. Un ambiente sano es la fuente sostenible de muchos servicios y productos ambientales, claves para la supervivencia de la humanidad, entre los que podemos enumerar: agua, aire, regulación del clima, alimentos, medicinas, etc.
Sin embargo, la salud de los Pueblos Indígenas y de la naturaleza son vulneradas constantemente. En el caso de los Pueblos Indígenas de la Cuenca Amazónica la atención médica es muy precaria, algo que se ha revelado durante la pandemia del COVID 19. Vemos que los grupos originarios están contagiados, y ya se cuentan por cientos a los fallecidos. Una noticia muy alarmante ya que si la enfermedad avanza, y ataca a las personas mayores, existiría el peligro de perder a los sabios indígenas y con ellos, a los cientos de culturas que viven en estas selvas. Sucede lo mismo con la naturaleza, la explotamos hasta reducirla de una manera alarmante. Estamos llegando al punto de no retorno, que sería el fin del planeta tal como hoy lo conocemos.
En épocas de crisis, como en la que vivimos actualmente, es común oír sobre la vulnerabilidad de los humanos y el ambiente. Tal parece que siempre nos hace falta un sacudón para entender la importancia de conservar el medio ambiente. Debemos también invertir en el derecho a una alimentación adecuada, en el derecho a una educación intercultural de calidad, y en el derecho a vivir en un ambiente sano.
Tratar de implementar medidas efectivas para la protección de los pueblos indígenas una vez que avanza el virus por territorios marginalizados es una tarea casi imposible. Proponer medidas de confinamiento para que las comunidades se queden en sus territorios es una medida que puede funcionar siempre y cuando se garantice la seguridad alimentaria, acción que es difícil de realizar por la geografía y la falta de suministros. Por otro lado, invitar a los Pueblos Indígenas a que busquen su alimento en la selva resulta también un reto ya que muchas de sus tierras originarias han sido alteradas por una serie de actividades industriales y económicas, que han agotado sus recursos.
Desde una perspectiva general y amplia, la salud de los pueblos indígenas será garantizada sólo cuando se trabaje realmente en la conservación de sus tierras. Las sociedades modernas se han olvidado de la importancia de la relación entre el ser humano y la naturaleza.
Como anécdota, hace unos 40 años la selva amazónica ecuatoriana era un sitio poco explorado, ahí las diferentes culturas indígenas satisfacían todas sus necesidades de los recursos que les proveía el bosque: alimentos, medicina, materiales de construcción, etc. De acuerdo a varios estudios, los indígenas realizaban una serie de actividades de manejo efectivo de los recursos, lo que les permitió vivir y desarrollarse en estas áreas, desde hace milenios.
Esta pandemia nos ha recordado lo entrelazados y dependientes que estamos del mundo natural. Reequilibrar nuestra relación con la naturaleza requerirá aprender de las comunidades originarias y respetar el ambiente, pero primero, debemos garantizar su supervivencia.
Escrito por: Pablo Yépez – Director de Asuntos Socio Ambientales