
Los señores grandes del pueblo dicen que, para trabajar el campo, se debe pedir permiso a la Madre Tierra, al Dios de la Lluvia y al Dios de los Montes para que durante la jornada de trabajo no pase nada malo y haya mucha lluvia, y fertilidad para que la cosecha sea abundante.
Entonces para preparar el terreno, hacen el ritual para la roza, tumba y quema. Y, esto se lleva a cabo en el mes de enero que es la estación del año para el comienzo de la preparación del terreno a cultivar.
En el acto presentan velas, veladoras, incienso, pozol y aguardiente. Y tiene una duración de dos días. El primer día es la preparación o víspera del ritual y el segundo día, es la realización del ritual y participa todo el pueblo, desde niños, jóvenes y adultos.

Y esto, está a cargo del tatuch quien posee el conocimiento, el honor y la autoridad para realizar la convivencia con Dios, el Hombre y la Naturaleza, según enmarca nuestra tradición cultural arraigada de nuestros antepasados.
Y durante el ritual, se baila, se canta con música tradicional como el huapango, el zapateado y el malentzin6. También toman aguardiente mientras el tatuch realiza el rito a la madre tierra. Ya cuando termina, todos conviven en un festín preparado por las mujeres de la comunidad.
El guiso, tradicionalmente, se prepara con pollo de patio y verduras propias de la región acompañado de pozol normal o de cacao. Y, ya después del banquete, se regresan a sus casas y dan por concluida el ofrecimiento a la madre tierra.
Ya al día siguiente, unos van al monte para chapear el terreno y otros van a ver el lugar, mientras otros, esperan el mes de marzo y abril para preparar el terreno según sean las estaturas o el tamaño de las hierbas o de los árboles donde se va trabajar.
Si es monte alto, se empieza cuanto antes para que se queme bien, pero si es monte chico, se hace de último para que las malezas no crezcan antes de la siembra. Y después que, el terreno esté listo, se queman las malezas para que proceda la siembra.
Pero antes de sembrar, hacen el ritual para la siembra que se realiza el dos y el tres de mayo donde presentan todas las semillas a sembrar. Como siempre, el dos es la víspera y preparación de las cosas a usar y, el tres, es el gran día del ofrecimiento y empiezan en la madrugada con el canto de las mañanitas a cargo de los músicos de localidad ―esto se realiza en la iglesia―.
Después de las mañanitas, los tatuches hacen el ofrecimiento al Dios del todo y a la Madre Tierra, al Dios de la Lluvia y al Dios de los Montes. Presentan doce velas, doce veladoras, seis litros de aguardiente y el incensario.
Mientras el ritual se está llevando a cabo, las mujeres preparan en la cocina el guiso que se comerá en la conclusión del rito, con la participación de niños, jóvenes y adultos ―sin quedar descartado la participación de los señores grandes de la comunidad―.
Los niños participan desplumando los pollos, pasando la leña, trayendo las hojas de plátano y, entre, otras cosas. Los jóvenes acarrean el agua, cargan la leña, cortan las hojas de plátano, lo ahúman y lo lavan. Y los adultos en compañía de los señores grandes, dirigen respetuosamente todos los quehaceres en la cocina y en el ritual, mientras los tatuches realizan el papel que les corresponde.
Cuando terminan en la iglesia, se van en la cueva para pedirle al Dios de Lluvia y al Dios de los Montes que haya abundante lluvia y buena cosecha. También allí presentan doce velas, seis veladoras, cinco litros de aguardiente, una botella de pozol blanco y de cacao, caldo de pollo y el incensario.
El pollo se entierra para ofrenda a la Madre Tierra y al Dios de los Montes y, debe estar preparado de dos pollitos de ambos sexos y guisados por dos niños de sexos contrarios, según sean las indicaciones de los tatuches o de los señores grandes.
Mientras el tatuch hace el ritual en la cueva, los músicos tocan el zapateado y el guapango, cantan y beben aguardiente. Ya después que concluye el rito, el tatuch ofrenda a la Madre Tierra con el aguardiente y el pozol. Por último, bailan, cantan, toman el resto del aguardiente y se regresan a la comunidad.
Ya cuando llegan en la comunidad, las mujeres sirven la comida y todos comen alegremente. Después se regresan a sus casas para descansar y esperan las primeras lluvias para sembrar. Y ya cuando llueve, siembran en compañía de sus hijos o de sus mujeres y, cuidan la siembra hasta la cosecha.
La cosecha corresponde a los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre. Pero los primeros frutos empiezan aparecer en los finales de agosto, por la cual, se debe realizar la primicia antes de la cosecha.

La primicia es una presentación de los primeros frutos del campo con el objeto de agradecer a la Madre Tierra por haberles brindado fertilidad, agua y cosecha. Y se realiza a finales de septiembre con la participación de toda la comunidad donde llevan sandía, melón, yuca, chile, camote, ñame, elote y jitomate.
Con algunos de estos frutos, se preparan unos antojitos para degustar en el ritual, como el atole y el tamal de maíz tierno. Pero antes, se le da gracias al Dios del todo y al Dios de los Montes, al Dios de la Lluvia y a la Madre Tierra.
El ritual, como siempre, está a cargo de los tatuches y se realiza en la iglesia comenzando en la madrugada con la quema de vela, el ofrecimiento y las acciones de gracias, mientras en la cocina, las mujeres preparan la comida para la conclusión de la fiesta.
Unos matan el pollo, muelen el maíz, hacen atol, tortean, despluman, aliñan la carne, preparan el guiso y acarrean el agua. Y, mientras hacen todo esto, se ríen y platican entre ellas.
Y ya cuando los tatuches terminan con el ritual, cantando, bailando, tomando un poco de aguardiente, sirven la comida, comen, beben, y luego se regresan a sus casas contentos y felices.
Con esto concluyen los tres rituales importantes para el trabajo en el campo con relación con Dios, el Hombre y la Naturaleza. Según las tradiciones de nuestros pueblos que han prevalecido de generación tras generación hasta la fecha.
Escrito por: Ernesto Martínez Jiménez – Comunicador de la CRIPX.