Durante siglos, los afrodescendientes fueron víctimas de delitos y prácticas de esclavitud, racismo, discriminación estructural y segregación. Las consecuencias de estas violaciones persisten hasta el día de hoy y siguen causando estragos en nuestras sociedades e instituciones. El racismo y la discriminación racial siguen quedando de manifiesto en las profundas desigualdades que limitan el ejercicio de los derechos y las libertades fundamentales de los afrodescendientes. Y, a pesar de las importantes contribuciones que han hecho al desarrollo de las naciones, se les ha negado el reconocimiento de sus aportes y la parte que les corresponde de los beneficios del desarrollo. La persistente invisibilidad estadística de los afrodescendientes es otra expresión de racismo estructural.